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miércoles, 7 de mayo de 2008

¿De dónde vienen y a dónde van las parroquias?


¿De dónde vienen y a dónde van las parroquias?

Reflexión del sacerdote y profesor de pastoral Jesús Sastre García

MADRID, martes, 6 mayo 2008 (ZENIT.org).- La parroquia no es un tema agotado y su vitalidad y renovación provocan ríos de tinta. Lo ha constatado un congreso del Instituto Superior de Pastoral de Madrid --recogido ahora en un libro-- que ha analizado qué es hoy la parroquia, cuál es su futuro y en que momento se remontan sus orígenes.
El tema fue tratado en la XVIII Semana de Teología y Pastoral del Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca (www.upsa.es) en enero de 2007, cuyas aportaciones forman el volumen «A vueltas con la parroquia: balance y perspectivas», recién publicado este 2008 por Verbo Divino.


«Yo creo en la parroquia, la misión de la parroquia me parece insustituible y la parroquia del futuro necesariamente ha de hacer una renovación en profundidad», afirma como punto de partida Jesús Sastre García, profesor del Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca.

La parroquia nace en tiempos de evangelización y en contexto rural, en el siglo IV y surge como «para adaptar la acción pastoral de la primitiva comunidad urbana a las zonas rurales recién evangelizadas» informa este sacerdote, doctor en Teología, Filosofía y Ciencias Sociales, que fue el encargado de abrir estas reflexiones sobre la parroquia.

«Desde sus comienzos se concibió como Iglesia local en una comunidad extra muros, a cargo de un presbítero», afirma este autor de numerosos libros sobre acompañamiento pastoral de los jóvenes.

Los orígenes de la institución parroquial se remontan entonces al siglo IV, favorecidos por el Edicto de Milán, que al reconocer a los cristianos como ciudadanos del Imperio Romano favoreció que se pudieran mover libremente.

El crecimiento de los cristianos en las ciudades obligó a dividirse en comunidades a cargo de un presbítero, casas que recibían el nombre de tituli, eran comunidades personales sin marcas territoriales.

En el siglo V se hacen construcciones para las celebraciones. «Este proceso de nacimiento y expansión de la parroquia es concomitante con la crisis del catecumenado y la generalización progresiva del bautismo de infantes», revela este sacerdote.

La reforma carolingia (siglos VIII-IX) fue un momento significativo en la evolución de la parroquia porque el emperador Carlomagno dividió el imperio en diócesis y parroquias, «buscando mejorar la vida espiritual y la unidad en torno a la dependencia jurídica del obispo frente a las injerencias de los señores feudales». Aquí se designa que los fieles pertenecen a la parroquia por circunscripción y no por libre elección.

El Concilio de Trento también reformó la parroquia, llamada «la unidad pastoral más importante» y se dará mucha relevancia a la práctica sacramental.

Ya en los siglos XVIII y XIX la parroquia vive la influencia de los cambios sociales. Se empieza a ver la importancia de los laicos en la acción pastoral y la necesaria independencia de la Iglesia respecto de los poderes públicos.

Antes del Concilio Vaticano II hubo intentos de renovación parroquial, especialmente el llamado «movimiento litúrgico». Este ayudó a la parroquia a descubrir su origen «histérico y comunitario», a «valorar la Palabra de Dios» y a la «purificación de las devociones», agrega el autor.

El movimiento misionero, nacido en Francia en los años 40, puso en crisis el modelo de parroquia aludiendo a la falta de misión de la institución. Empezó a nacer la «sociología de la misión» y una ponencia de Yves Congar titulada «Misión de la parroquia» cristalizó la necesidad de la parroquia abierta a la sociedad. Empezaron actividades parroquiales para acoger a jóvenes, marginados etc.

En el Concilio Vaticano II se exhorta para que «florezca el sentido comunitario parroquial, sobre todo en la celebración común de la misa dominical» (SC 42).

Se define entonces a la parroquia como «parte de la diócesis», como «comunidad de fieles que se reúne para la Eucaristía, da testimonio del Señor resucitado y evangeliza el entorno».

«En la parroquia se dan los elementos fundamentales que constituyen la vida cristiana: Palabra de Dios, sacramentos, comunidad, ministerios y atención a los necesitados. Esto hace que la parroquia tenga vocación de globalidad», recuerda el profesor Sastre.

El sacerdote constata después de su recorrido histórico cómo «en la práctica, la parroquia es la referencia más cercana y común para los creyentes».

Para renovar la vida parroquial, el autor sugiere «no dar por supuesto que existe la parroquia», sino «crearla, con comunidades que cultivan la vida de fe, el compromiso social y la labor evangelizadora».

La labor «iniciática» de la parroquia es fundamental: «iniciar, y reiniciar en la fe es la tarea más urgente e importante en la totalidad de nuestras parroquias», recuerda el profesor Sastre García.

«La parroquia comunidad debe sentirse en estado de misión» y debe ayudar a «superar el divorcio entre la Iglesia y la sociedad», anima.

«No podemos prescindir de la parroquia: la solución está en su renovación, para la cual se necesita una "pedagogía de cambio"», concluye.

Por Miriam Díez i Bosch

miércoles, 6 de febrero de 2008

Misas en inglés en la Parroquia de San Ildefonso. Domingos a las 6. Holy Mass in English at St.Ildefonso's Parish. Sundays at 6:00 p.m.


La parroquia de San Ildefonso (Granada) ha comenzado a ofrecer misas, confesiones, catequesis e incluso un coro en inglés. La iniciativa responde a la demanda de algunas familias católicas de esa lengua que residen en Granada, además de los turistas católicos que vienen de paso y no encuentran fácilmente un lugar para confesar o escuchar la Santa Misa en su idioma.

Por el momento las misas en inglés sólo se celebran el primer y tercer domingo de mes a las 6 de la tarde. Concretamente, para este primer trimestre serán el 6 de enero, 20 de enero, 3 de febrero, 17 de febrero, 2 de marzo y 17 de marzo.

Las confesiones y dirección espiritual las realiza D.Franciso Sanchiz los jueves de 5:00 a 8:30 de la tarde y los domingos antes y después de la Santa Misa (que es a las 6:00 de la tarde)

La catequesis para los niños la realizan Myriam Cuningham y Marta Elena López.
El coro es organizado por Eamonn Wyle y Susan Stevenson.

Holy Mass at Saint Ildefonso's Parish, Granada

St. Ildefonso's Parish, at the request of some English-speaking families, have started to hold regular Masses in English every other Sunday (1st & 3rd Sunday of the month) at 6:00 p.m.

Other activities
Confessions & spiritual direction
Fr. Francis Sanchiz will be available for hearing confessions as well as for personal consultation.
Thursdays: 5:00 p.m. to 8:30 p.m.
Sundays: before and after the Mass.
Catechesis for children
Contact: Myriam Cuningham or Marta Elena López
Choir
Contact: Eamonn Wylie or Susan Stevenson

For further information contact: Fr. Francis Sanchiz or Mr. Ben Alguacil in person or telephone: 958 20 30 14.

St. Ildefonso's Parish
Acera de San Ildefonso 4,
Granada
Tf: 958 20 30 14
sildefonso.parr@terra.es
http://www.parroquiasanildefonso.com/

domingo, 3 de febrero de 2008

El cardenal Ruini pide una "conversión misionera" a las parroquias


ROMA, jueves, 31 enero 2008. El cardenal Camillo Ruini, obispo
vicario del Papa para la diócesis de Roma, ha pedido este jueves a las
parroquias una «conversión misionera». El llamamiento resonó entre los
participantes en el congreso «Parroquia y nueva evangelización», organizado
por la Comunidad del Emanuel en colaboración con el Instituto Redemptor
Hominis, que se desarrolla en Roma del 30 de enero al 1 de febrero.
Aclarando desde un inicio que su objetivo no era el de «tranquilizar ni
consolar», explicó que «la pregunta crucial afecta a la actitud que debe
tener la parroquia para acoger y aplicar ese gran cambio al que se alude con
el nombre de conversión misionera de nuestra pastoral».

Por este motivo, invitó a no quedar aprisionados por «dos tendencias
parcialmente contrastantes, pero poco abiertas a la misión: la de verse como
una comunidad cerrada, en la que sus miembros se encuentran bien cuando
están juntos, y la que se concibe como un "área de servicio" para la
administración de los sacramentos, que da por descontado en quienes los
piden una fe con frecuencia ausente».

Pastoral integrada

Para que se dé esta conversión de la parroquia en el nuevo contexto social,
el purpurado propuso una «pastoral integrada», proceso que requiere que «las
parroquias abandonen las tentaciones de la autosuficiencia, para
intensificar en primer lugar la colaboración y la integración con las
parroquias cercanas».

De este modo, explicó, podrán «desarrollar juntos y sin discordancias, en un
mismo ámbito territorial, esas atenciones y actividades pastorales que de
hecho superan las posibilidades normales de una parroquia».

Esta «colaboración e integración», dijo, «deben promoverse además con las
demás realidades eclesiales, que pueden estar presentes en el territorio,
por las comunidades religiosas, las asociaciones y movimientos laicales».

«El marco de referencia fundamental del proceso de integración es
evidentemente la diócesis, ante todo en la persona del obispo y en sus
orientaciones pastorales, pero también en los órganos de participación y en
las oficinas que atienden los diferentes ámbitos de la acción pastoral y que
están llamados en primer lugar a vivir una lógica de colaboración e
integración».

Espiritualidad de comunión

«La misma diócesis sin renunciar a su carácter y responsabilidad propia de
Iglesia particular está involucrada a un nivel más amplio en ese mismo
proceso de colaboración e integración, porque cada vez son más importantes
los temas pastorales a los que sólo se puede responder adecuadamente en una
perspectiva tanto regional como nacional, por no decir continental y
mundial».

«De todos modos, el primer motivo de la "pastoral integrada"», aclaró, «no
son los cambios sociológicos que tienen lugar en estos momentos, sino la
esencia misma del misterio de la Iglesia, que es comunión».

«La comunión eclesial tiene a su vez una orientación intrínseca hacia la
misión y a la comunicación de la fe, que deben constituir, siempre, pero de
manera especial en las circunstancias actuales, el criterio orientador de
toda la pastoral».

Tres orientaciones

El cardenal propuso tres orientaciones para ayudar a la parroquia a «asumir
en concreto una configuración misionera».

La primera es «formar a los cristianos que participan en nuestras
comunidades, en primer lugar a los mismos sacerdotes y seminaristas, en una
fe que se conscientemente misionera, en las diferentes situaciones de vida y
no sólo dentro del ámbito parroquial o eclesial».

El segundo «camino que hay que recorrer es el de discernir, valorar y
desarrollar las posibilidades misioneras que ya están presentes, aunque con
frecuencia de manera latente, en nuestra pastoral ordinaria, que nos permite
encontrar a muchas personas que pertenecen a la Iglesia de manera débil o
precaria, así como a los no creyentes: si nos acercamos a ellos con espíritu
evangélico y con empuje misionero no faltarán los frutos».

Una tercera orientación de fondo propuesta por Ruini es la de «dar un
espacio central a la pastoral de los adultos, y por tanto ante todo de las
familias, pero también a los ambientes de trabajo y de vida en los que se
encuentran los adultos».

Por eso pidió, en la medida de lo posible, «remodelar los ritmos de vida de
las parroquias de manera que sean realmente accesibles a los adultos que
trabajan y a las familias: para alcanzar este objetivo, más que organizar
numerosos encuentros, puede ser más útil un estilo pastoral caracterizado
por relaciones humanas profundas y cultivadas sin ese estrés que produce la
falta de tiempo disponible».

«De todos modos, la importancia de la pastoral de los adultos y de las
familias no debería implicar un debilitamiento del compromiso a favor de las
generaciones más jóvenes; sería un error gravísimo», explicó.

El cardenal consideró que la conversión de una parroquia misionera no es un
«desafío imposible»: «hace falta "remar mar adentro", con la confianza, la
creatividad y la valentía apostólica que nacen de la fe».

Por Jesús Colina